Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

where data and creativity collide

Al Duomo caminando

Mi compañero de pieza jamás llego a dormir. La almohada que me tocó era gigante y un mosquito que no podía pillar me tuvieron en vela hasta las 03:00 am.

Desperté a las 11:45 y me di cuenta que la gruesa persiana de madera hace que la pieza tenga la misma luz todo el día, por ende no podré confiarme más de la luz natural.

Apenas bajé, decidí solucionar el entuerto de la almohada. Ésta vez estaba Francesco en recepción. Me dijo que son 6 las personas las que trabajan atendiendo en el mesón. Creo que cada vez que he ido, hay alguien distinto.

Apenas le dije lo que pasó, llamó a Osama, un egipcio grande que no lograba entender lo que yo le explicaba. El huevón de Francesco solo miraba y sonreía, nunca intervino.

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Al final, Osama resultó ser un 7. Me cambió la almohada, se enorgulleció de Cairo cuando le dije qué famoso era y me dijo que en 7 meses debiese aprender italiano. Sigo pensando que lo haré en 3.

Me llamo la atención como Osama pronunciaba un par de palabras en inglés. Me costó un mundo entender que /kilín/ era “clean”, mas una vez descifrado todo estuvo bien.

Como ayer hablé con mi mamá y familia por Skype, me relajé bastante. Me imagino cuantas películas se deben haber pasado con mi falta de updates.

Inmediatamente después de desayunar atún con pan negro (esa es la base de mi pirámide alimenticia) me puse la ropa para caminar y decidí salir.

He llegado a la conclusión de que no hay mejor manera de conocer una ciudad que caminando. Como el clima estaba perfecto, partí en dirección al Duomo siguiendo el recorrido del Bus 54.

Llegué en 40 minutos a Dateo, la estación que me sirve para llegar a MIP. De ahí, en 20 minutos estaba en el majestuoso centro de Milano.

Esta vez estaba todo lleno. Los africanos gigantes y en grupo ofrecen pulseras y realmente dan miedo. Los turcos, egipcios y otras nacionalidades similares, también se mueven en manada y siempre están mirando que pasa.

No sé si me habrán encontrado cara de compatriota o local, pero nadie se me acerco a ofrecerme pulsera, lo cual me encantó.

Ya puedo decir que me ubico para llegar a Duomo. El trayecto es bastante sencillo y siempre vas por un parque. Hay muchas plazas exclusivas para mascotas y muchas ciclovias que afortunadamente, se respetan.

La plaza del Duomo es espectacular. A la hora que vayas está lleno y la arquitectura te pone los pelos de punta. Además, está lleno de tiendas de grandes marcas: Ferrari tiene su tienda de lujo, H&M un edificio inmenso, Louis Vouiton, Armani y lo que se te ocurra, están ahí.

Después de sacar un par de fotos y ver esto, que me impresiono mucho, volví a Martinett a pie.

Acá, ya eran cerca de las 14:00 y no tenía hambre. Decidí sacar el mat de yoga y aprovechar antes que se largara a llover.

Estuve haciendo yoga 45 minutos en el parque de Martinett y de no ser por las hormigas gigantes, me hubiese concentrado bastante. Me encantó conseguir un lugar donde seguir mi practica al menos durante el verano y mientras pillo un grupo al cual unirme.

Después partí al mercado a comprar para 3 días y saqué mis cálculos para saber cuanto dinero debo gastar en alimento para mantenerme dentro de ciertos márgenes y así poder ahorrar para viajar dentro de Europa.

La comida de Supermercado es definitivamente más cara. Creo que puedo gastar un poco menos de lo que gastaba en Chile, pero aquí no comeré carne, ni verduras, ni café u otras cosas que me gustan. Quizás cuando ya me ordene bien, podré incluir más variedad en mi dieta. Por ahora, me mantengo con atún, pan de molde, yogurth, avena y jugos.

El día está nublado y se ha puesto a llover. Me encantaría tener Internet para navegar y cargar esto en la medida que escribo.

El lunes comienzo las clases (vengo 2 semanas tarde), espero poder tomar el ritmo de buena manera.

Después de hacer las compras, terminé de ver “The Life of Pi”. Me encantó la película. Decidí dejarla en el computador y ver a Richard Parker cada vez que quiera.

Quizás por eso me acordé de la chica india que anoche conocí en la parada de autobus. Como anoté el número de su habitación, decidí visitarla. Apenas entré, me recibió el olor de condimentos propios de este país.

Esha Mittal, así se llama esta arquitecto, me recibio en la pieza y conversamos de Milano. Me contó que lleva aquí 7 meses y le queda 1 año y medio para terminar su master en arquitectura en Polimi.

Me dio muchos tips útiles y casi se cae cuando le conté lo que sale un mobile mensualmente en Chile. Aquí en Europa pueden ser 8 euros al mes con 3G (lo cual me pareció barato) y en India $4 dólares al mes con 3G lo que me hizo sentir estafado por Entel.

Esha me dio millones de consejos. Incluso que buscara pieza más barata más cerca de Bovisa, la estación de MIP.

Mientras conversábamos, llovía a cántaros, pero no hacia nada de frío, así que terminé de hablar con esta chica y partí a Lambrate, la estación donde me perdí el viernes pasado y conocí a un peruano que atiende un kiosco inmenso. A él le pregunté por la SIM Card y me dijo que ya estaba cerrado. Con calma, leí el mapa del ATM (Servicio de transporte publico de Milano) y entendí a la perfección por que me extravié.

Como era temprano, decidí partir al Duomo en el bus 54 y recorrer con calma las tiendas y Piazza.

Los buses tiene calefacción propia y ni se siente el frío. Afuera sí, llovía copiosamente. Yo andaba poco abrigado, pero no corría el viento ni frío que hay en Santiago. Aquí es más benigno (recuerden que aquí estamos en primavera).

Pasé por el cine, las tiendas oficiales de AC Milán, una tienda de Disney y cuanta otra cosa se les pueda ocurrir. Me fije en los horarios del Duomo (quiero verlo por dentro) y después me aventuré a las calles aledañas, sin rumbo fijo. La lluvia seguía realmente fuerte.

Después de pasear por dos horas en la Piazza Del Duomo y no pillar ni siquiera un puto wifi abierto, regrese a Martinett desde donde estoy ahora. Realmente necesito Internet.

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