Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

where data and creativity collide

El viaje

Lucknow

Escribo este journal por que quiero compartir lo que siento, veo y aprendo.

Siento que este viaje me cambiará la vida para mejor. Estoy entregado a lo que venga y las sorpresas. Confío en que el universo me guiará por los lugares correctos.

Aquí les relataré en primera persona como es para mi, vivir por primera vez en un país extranjero, aprender un idioma nuevo y estudiar materias que jamás he visto. Mis desafíos son tanto profesionales como personales, ya veremos como se mueve la vida por estos lados.

Todo rodeado de días absolutamente nuevos el uno del otro, en un lugar llamado Milano, en la región de Lombardía, en Italia.

Empiezo con una palabra italiana que adoro: “Atravessiamo?” (¿vamos? ¿quieres ir conmigo?).

Los días previos a esta aventura, estaba realmente nervioso. El lunes (viaje un miércoles) no dormí nada y los días venideros me desperté tarde, lo que arruinó mi sueño.

Cuando llegó la hora de viajar, salí temprano de la casa y al aeropuerto llegamos a la hora esperada (07:30 aprox.).

Después de las despedidas de rigor (con mi mamá y Laura) partí rumbo a Buenos Aires en un avión de Air Canada. Primera vez que viajaba en esta aerolínea y fue todo un placer. Los asientos cómodos, cada uno con un cargador de gadgets y una pantalla con amplia variedad de películas y música para el viaje. Sin embargo no alcancé a disfrutar nada; apenas me senté comencé a dormir hasta llegar a Ezeiza. En cosa de “minutos” había hecho el primer vuelo y ya estaba fuera de Chile.

Lucknow

Ahí conocí a un matrimonio chileno que viajaba por segunda vez a Suecia a ver a uno de sus hijos. Luego irían por primera vez a Noruega a ver al otro retoño.

También conocí a Diego y Celeste. El primero era mezcla chileno-colombiano e iba a Alemania a hacer un postgrado en Economía política. Celeste por su parte, trabajaba como enfermera y se tomó 6 meses para recorrer Suiza y luego India. Intercambiamos correos y dentro del elefante blanco (boeing 747) de Lufthansa, nos separamos.

El vuelo de América a Europa siempre es complicado (segunda vez que lo hago). El cambio de hora y la cantidad de horas sentado lo hace desagradable. Pero afortunadamente dormí bien y desde ahí, comencé a cambiar mi uso horario al de Milano (6 horas más que Santiago durante esta parte del año).

Me senté al lado de dos asiáticos que no hablaron nada. Vi “The Last Stand” de Schwarzenegger y otra protagonizada por el gordo de “The King of Queens”.

Como aquí también aproveché de dormir, no sentí el trajín del vuelo, mas sí quede un poco resentido con el jetlag cuando aterrizamos en Frankfurt.

Éste aeropuerto debe ser el más grande que he conocido, sólo rivalizado por el de Atlanta. Siento que caminé por millones de lugares antes de llegar a la puerta A11 desde donde salía mi vuelo.

Allí nuevamente me encontré con el matrimonio chileno, mas no con Diego ni Celeste. Ambos estaban desesperados buscando a alguien que hablase inglés y fuese a Estocolmo. Como no pillaron a nadie, se quedaron conmigo. Hicimos escala más de 5 horas, donde conversamos de viajar, conocer, aventurarse y mezclarse con otras culturas. Según Margarita (la señora) yo me quedo por acá.

Cuando el avión de ellos partió, me fui a tomar café y chocolate caliente que Lufthansa deja a sus pasajeros de manera gratuita. Entre toda la gente que veía, aún no caía en cuenta lo que estaba haciendo. A veces sentía que estaba en piloto automático y que no era yo quién realmente estaba viajando.

Mi avión a Milano salió 6 horas después de haber aterrizado en Alemania. 1 yogurth con granola y 2 cafés después, salimos.

Si el viaje a Argentina se me hizo corto, el vuelo a LINATE (uno de los 3 aeropuertos de Milano, enfocado en vuelos cortos y locales) se me paso “volando”. En 60 minutos estaba en otro país.

A diferencia de los otros dos vuelos, aquí compartí asiento con dos ejecutivos delgados, muy arreglados y pegados a sus laptops y celulares. Desde ya se sentía que iba al corazón financiero de Italia y Europa.

No pasé ningún control policial y después de ver un cartel inmenso de Giorgio Armani, salí a Milano. ¡Había llegado a Italia!

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Lo primero que hice fue ver como tomar autobús. Como pretendo vivir aquí por un par de años, más me valía familiarizarme con el sistema de transporte de inmediato.

Justo pillé a dos peruanas que estaban ahí y me indicaron como comprar pasaje de bus.

El clima estaba amenazante y listo para llover. Lamentablemente me equivoque con la bajada de mi primer bus y tuve que caminar un buen trecho con todas mis maletas para tomar el segundo bus.

Algo bueno es que aquí los buses son anunciados de manera electrónica en las paradas. Los tiempos son reales y puedes programar los viajes con comodidad. Lo curioso es que para pagar el bus, debes comprar un ticket que colocas en una ranura. Cada bus tiene 3 puertas y puedes subir por cualquiera. Cada puerta tiene un lugar para pagar, mas nadie lo hace. De 10 pasajeros, 9 no pagan el bus.

Estaba 100% atento a lo que decía la voz mecánica del bus anunciando las paradas. Cuando dijo “Vía Pittere” salté de inmediato afuera.

Tuve tremenda sorpresa cuando me percaté que Campus Martinett (la casa de huéspedes donde me estoy quedando) estaba al frente mío.

Cuando entré me atendió Bruno. Me dijo que mi nombre no estaba en los registros y como ninguno hablaba el idioma del otro, estuvimos un buen rato gesticulando para entendernos. Afortunadamente la buena voluntad mueve montañas y Bruno me pasó una pieza en el ala B: el cuarto B104.

El lugar era bueno y estaba vacío. Me bañé, salí a comprar comida al supermercado y me acosté a dormir.

El supermercado es igual en todas partes. La comida es cara. Calculé un precio por comida promedio que me ayudará a mantener los gastos controlados. Espero mantenerlo.

Pasé buena noche y no desperté sino hasta el viernes.

Se supone que el viernes debía ir a clases, pero con el problema del cuarto, tuve que hablar con el director del Campus. Nunca supe quién era, pero me pasaron a una pieza con un italiano (donde estoy escribiendo esto) que aún no veo (son las 22:00).

Así han pasado las primeras 24 horas en suelo italiano.

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