Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

where data and creativity collide

La comida

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No tengo idea que escribir esta vez. Más bien tengo la necesidad. La necesidad de sentarme frente al teclado como tantas otras veces y crear algo donde antes no habia nada. En este caso, un post sobre la comida, los libros y la vida.

Estoy leyendo dos libros en estos momentos.

Por un lado, cada vez que me subo a un avión, leo sobre BigData. En estos momentos estoy leyendo uno de los documentos más completos que IBM ha sacado y que se titula “Harness the Power of Big Data The IBM Big Data Platform”. El libro fue regalo de IBM itself y la verdad es que lo he disfrutado mucho. He entendido más de Hadoop, Netezza, MapReduce y como varios plugins (modelados tras el famoso app store) crean experiencias hechas a la medida del usuario. Como ahora, es posible exprimir los datos y hacer que los números hablen.

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Pero cuando no quiero leer (si, tengo libros para cuando no quiero leer; es más, tengo una lista en Amazon que puedes ver aquí agarro la deliciosa Delacey de Molly Wizenberg y me pierdo en esta vertiente de la literatura que mezcla la vida y la comida por igual.

Si no han escuchado de la novela, pueden ver el video que les dejo aquí.

Pues bien, no solo leo, sino que pienso mucho.

Si analizo los libros que he consumido en los últimos años (leo en promedio dos libros al mes) es fácil notar como mis intereses profesionales acaparan la mayoría del tiempo, mas durante los últimos meses he estado explorando autores como Shauna Niequist (con Bred & Wine y Cold Tangerines) y a otros varios autores que hablan principalmente sobre el café y su preparación.

La comida ocupaba mi tiempo cuando veía televisión (en Netflix podía pasar fácilmente un sábado entero viendo programas de comida) y ahora sigue ocupando mi tiempo con libros que relatan la vida en torno a la mesa.

La comida me ha tenido pensando.

Aquí en Italia, donde se originó el movimiento del Slow Food, la comida es ama y señora del día a día. Tal como en Perú o mi querida India. Me es imposible pensar en mi vida sin comida y si bien en estos momentos me limito a hacer pasta y café todos los días, ya preparo un menú para cuando tenga o incurra en el negocio de los restaurantes.

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La comida tiene ese rito maravilloso que amo. El café, el té y el vino tienen esa magia tan propia de los ritos ancenstrales. El terruño da forma y sabor a esas bebidas maravillosas que alegran el alma (aunque les confieso que deje de tomar alcohol en un 95%) y hay que saber esperar a que la taza o la copa estén listas. No sacas nada con apurar.

Las mayores alegrias y penas se pasan con comida. Los funerales, matrimonios, bautizos, cumpleaños, bodas, separaciones y graduaciones tienen a la comida como eje que reune a todo el mundo.

Una de las cosas que extraño más es reunirme con mis amigos en Bilbao con Holanda y caminar a La Hacienda en Pedro de Valdivia. O bien en Monseñor Edwards con Principe de Gales para ser transportados al sur por Element, un tremendo tesoro en el corazón de La Reina.

¿Ven? Ni siquiera pienso en mis amigos sin que haya comida. No concibo hacer el catch up sin un café o comiendo una pizza. Simplemente no puedo.

Espero contarles como sigue la lectura de mis libros de comida. Por el momento, me dan un relajo y como siempre, me regalan una ventana para ir a cualquier lugar.

Por ahora, ya estoy pensando en volver esta semana a Kashimir y después atacar la gelateria con una casata siciliana y helado de limón.

Cristian Guajardo Garcia (cc) by-nc-sa | Made in London, UK |  2005 - 2017