Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

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Faro, Albufeira y Lagos. Portugal

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Aerolíneas:

  • Aerolíneas Argentinas
  • Austral
  • TAP
  • Iberia

Aeropuertos visitados:

  • Faro
  • Orly, Paris
  • Portela, Lisboa
  • Barajas

Hay países a los cuales nunca pensé en viajar. Lugares que por uno u otro motivo estaban fuera de mis planes. Portugal era parte de esa lista hasta hace unos días.

Hoy, tras 14 días viajando por el país, puedo decir que Portugal para mi significa:

  1. Sardinas
  2. Cataplana
  3. Bifana
  4. Naranjas
  5. Vino
  6. Corcho
  7. Troles (trams)
  8. El gallo
  9. Ceramicas
  10. Pessoa
  11. Fado
  12. Pastel de nata
  13. Caco de bolo
  14. Pastel de bacalao

Faro

El viaje comenzó en la región de Algarve, al sur de Europa. La capital de Algarve es Faro, la ciudad más al sur de Portugal continental. Los británicos vienen en masa a parrandear aquí. Faro se ha transformado en algo como una Ibiza desconocida para el resto de nosotros. Las líneas aéreas económicas ya se han dado cuenta y por ende, entre 3 y 4 vuelos aterrizan cada hora en la ciudad (lo comprobé mientras desayunaba) mayormente desde UK y países escandinavos.

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Hace millones de años, la región comenzó a ser habitada gracias a la ubicación estrategica del rio Formosa. Sin embargo en esa época Faro se llamaba Ossonoba; de hecho, Faro como ciudad sólo existe desde 1986. En fin, la ciudad estuvo en manos de romanos y moros, transformándose en uno de los enclaves más importantes de la península ibérica.

Hoy, Faro es una ciudad poblada por 50k personas. Durante temporada baja es extremadamente tranquila y sus calles están desocupadas. Quizás puedes matar las tardes comiendo su famosa cataplana (una especie de ceviche caliente) o bien tomando el tren a una de las ciudades vecinas. Pero de eso, ya hablaremos.

Faro es caminable. Una ciudad plana donde el comercio aún hace siesta y sólo gracias a los turistas, hay un par de calles con tienda como Parfois, H&M, Pull & Bear y Zara. Pero hay cosas imperdibles.

Lo primero es el centro histórico. Pequeño, con calles empedradas y locales comerciales ubicados en puntos estratégicos para la antigua administración. El municipio, la iglesia y por sobre todo, la estatua del Rey Alfonso III, quien devolvió la ciudad a la jurisdicción portuguesa. Son esas calles las que dan encanto a la ciudad. Después de estar en la playa, no hay como ir a pasear sin prisa por las callecitas de Faro. Todo el mundo anda con calma, los relojes no tienen autoridad y a nadie le importa mucho cómo te ves, mientras andes relajado. ¿Qué mejor?

A mi me encantó para empezar, pero era hora de seguir.

Albufeira

La estación de trenes no sólo conecta a Portugal de sur a norte, sino de este a oeste y Albufeira fue la primera parada después de Faro. Como nos dijo un cura sueco que conocimos, se nota como el turismo se comió todo Albufeira. Y no cualquier turismo, sino el turismo para ingleses que se han jubilado y vienen a pasar sus últimos años bronceándose y jugando golf.

==Entre Faro y Albufeira está lleno de campos de golf, restaurantes y parques acuáticos. Y todo lleno. Siempre.==

Una vez que ya aterrizas te das cuenta de eso. Los indios han llegado en masa (superando ampliamente a los chinos) vendiendo sus artesanías, comida y trajes. Es extraño ver a tanto indio y británico en un lugar neutral como Albufeira. Unos venden y otros compran. Lo que menos vez aquí son portugueses. Extraño pero cierto.

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Albufeira vive del turismo. Dicho eso puedo agregar que el turismo divide a la ciudad en dos: Las Areias de São João y el casco histórico. La primera es un área de juerga y la segunda, un paseo peatonal al lado del océano, donde también puedes parrandear.

==Fue aquí donde probamos una de las especialidades de Portugal: la sardina asada.== Debo decir que me gustó, pero hace tanto tiempo que no comía un pescado entero, que me complicó todo eso de sacarle las espinas. Pero cuando terminé, disfruté un buen plato criollo.

Después de un día bien movido, seguimos recorriendo en tren el sur de Portugal.

Lagos

La mayor sorpresa del viaje hasta ahora. El paraíso mismo. No exagero. Tras tomar un tren que demoró 90 minutos entre Faro y Lagos, llegamos a una de las ciudades más hermosas que he visto en mi vida.

Lagos tiene todo lo que puedes desear para desconectarte. Playa, bares, formaciones rocosas como jamás había visto y encima de todo, rica comida. Así como antes decía que Faros era una especie de Ibiza “desconocido”, TripAdvisor nombró a Lagos como el destino turístico nº1 a “explotar” durante esta década.

Al poco rato de llegar, nos entusiasmamos con un paseo en bote que nos llevó a ver lugares que me hicieron sentir en NatGeo. Arenas blancas, mar turquesa y formaciones rocosas eco-protegidas.

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Cuando logré relajarme (las olas eran grandes) quedé maravillado. El bote nos llevó por Ponta da Piedade, Grutas da Costa d'Oiro y Laguna de Alvor. Jamás, en serio, jamás había estado en un lugar tan hermoso. Alhamdulillah por cada momento.

En Lagos no sólo recorrimos el océano Atlántico, sino que probamos el english breakfast (vegetariano) y paseamos horas por las ferias artesanales. Al igual que Faro, Lagos pasó por varias manos hasta ser devuelto a Portugal. Caminando podrás ver edificaciones enormes que datan de la época en la cual Lagos se defendía del imperio Bizantino o países africanos que veían en la ciudad un punto clave para dominar el sur de Europa y el norte de África.

Al final de un día muy movido, llegó la hora de empacar y despedirnos del sur. En un tren empezamos a trepar por Portugal. Directo al corazón, directo a Lisboa.

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