Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

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Lima, Peru

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Hace mucho tiempo que no estaba en Lima. Así al menos lo sentía. En mi primera visita subí por el camino Inca a Machu Picchu, años después partí al Festival culinario Mistura y la última vez hice un road trip Lima-Cuzco que hasta el día de hoy recuerdo entre las mejores experiencias que he tenido como viajero.

En mi cuarto viaje a la capital culinaria del universo, me re-encontré con queridos amigos y conocí nuevas personas. 4 días cortos y realmente intensos.

Tras casi 15 horas sobre un avión (Milán - Madrid y luego Lima) llegue a una de las ciudades más caóticas del mundo. Pero me gusta. A pesar de tener 9 millones (lo que la transforma en la 5ta más grande del continente americano) y estar sobre poblada, me gusta.

En Lima vive ⅓ del Perú. La capital fundada por Francisco Pizarro fue una de las más importantes de América, llegando a ser el núcleo de España en nuestro continente. Tras ganar la independencia por la independencia, Lima pasó a ser la capital de Perú. Hace pocos meses, Lima hospedó COP 20 (Conferencia mundial sobre el cambio climático) y ademas, se adjudicó la organización de los juegos Panamericanos en 2019.

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Perú es una de las economías emergentes más fuertes de Sudamérica y en 2016 irá nuevamente a elecciones presidenciales. El “make or break” económico podría suceder ahí. Hasta ahora, el país sigue empujando su desarrollo de manera sostenida. Todo mientras la cultura chicha se respira en la calle, los conos crecen descontroladamente, la gente bebe chilcano y se parte hacia Asia el viernes por la noche.

En Lima tengo amigos entrañables. Llego aquí y me siento querido (mientras esquivo los autos, claro). La comida, las calles de Miraflores, San Isidro, Barranco o Surco ya las conozco mucho mejor. Las cevicherias, los huecos (lugares semi-formales para comer) y sangucherias son insuperables. Pero el tráfico. ¡Ay Dios! Los taxistas me decían que van de mal en peor. La ley de la selva domina las calles.

Esta vez vine por trabajo y placer. Los 3 días en Lima pasaron volando. Tuve la oportunidad de ver a amigos que no veía hace años, pero faltó. Excusa perfecta para regresar. También conocí gente nueva y maravillosa.

La verdad es que no comí lo que hubiese querido. Pasamos directo al ceviche, pero hubo mucho que no volví a probar. Me di cuenta que el espresso y el macchiato reemplazaron al cappuccino. Me di cuenta que definitivamente muero por el café y que sí, los italianos lo hacen mejor.

Si bien me quede en Barranco, fui al Callao por primera vez. Como debía hacer trámites, aproveche de conocer uno de los lugares más movidos “de Lima”. Caminé por el malecón, fuimos a Larcomar, a pasear por Barranco y también me di vueltas por el centro antes de tener un par de reuniones.

Por ahora es suficiente. Es hora de partir.

Update: Recién he encontrado este articulo de CityLab hablando de la congestión y los problemas viales de Lima. Al que le interese, lo puede leer aquí

Cristian Guajardo Garcia (cc) by-nc-sa | Made in London, UK |  2005 - 2017