Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

where data and creativity collide

Lisboa. Portugal

pic Este post es parte de mi viaje a Portugal. Puedes ver el primero aquí.

Pues bien, tras 3 horas en tren llegamos desde Faro a la capital de Portugal. Lo entretenido fue llegar un día de semana en rush hour y tomarle el pulso al sistema de transporte público de Lisboa tal como sus habitantes lo hacen diariamente.

Llegamos a la estación marques de pombal y de ahí tomamos el metro (repleto) hasta la estación Oriente. Hecho eso, agarramos un bus que nos introdujo al rasgo más notorio de Lisboa: sus cerros.

Al igual que Valparaiso en Chile, Lisboa está llena de cerros. Es un parto caminar por sus calles, en especial cuando cargas bolsas de supermercado o bolsos. Sin embargo eso es lo lindo de viajar, te arrimas a lo que te toque, sea lo que sea.

Lisboa

Apenas llegamos a la casa que arrendamos por Airbnb partimos a Lidl (una cadena de supermercados alemana extremadamente económica) y cenamos abundante para salir a recorrer. Google Maps nos salvó, pero no sin antes caminar dos horas de noche por Lisboa, con los gitanos ofreciéndonos hachís y cocaína (después supimos que venden cualquier cosa menos eso, por eso no los meten presos) y calles desiertas a las 23.00 hrs.

Los días siguientes fueron realmente intensos, pero inolvidables. Vimos en Lisboa una de las ciudades más vibrantes, eclécticas, artísticas y vivas que hemos visto hasta ahora.

Lisboa tiene 7 cerros y 2 zonas. Pero esas zonas son algo mentirosas. En realidad la zona 1 cubre el 90% de la ciudad y la segunda es una especie de apéndice. Como lamentablemente sucede en muchos países, el grueso de la población se viene a meter a la capital. Lisboa sin embargo sigue siendo pequeña. La ciudad está poblada “por sólo” medio millón de personas. Aún así, se siente bastante multicultural y despierta con personas de todos el orbe.

Lo que la hace única es ese talento para mezclar y balancear la historia con la modernidad. Ambas viven en armonía (menos -eso sí- en el Parque das Nações donde parece que están en cualquier parte, but Lisbon).

La ciudad es una de las principales en Europa, siendo hogar de la Expo Lisbon 1998 y despegando como un centro financiero, turístico, comercial y del entretenimiento.

Durante la primera noche conocimos Baixa o downtown. Aquí está la Plaza de Comercio y la Rua de Augusta, un distrito elegante que conmemora el terremoto y posterior reconstrucción de la ciudad en 1775. Aquí supe que los edificios erguidos en esta zona son muestra de las primeras edificaciones antisísmicas construidas en el mundo.

Cuando debíamos volver a casa, pasamos cerca del Bairro Alto o el epicentro de la fiesta. Ya más tarde volveríamos, no hoy.

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Lisboa tiene 9 distritos: Alcântara, Alfama, Mouraria, Bairro Alto, Baixa, Belém, Chiado, Parque das Nações y Estrela.

Tuvimos la posibilidad de recorrerlos casi todos en auto o a pie. Baixa es el centro, Bairro alto donde está la fiesta, Belém es la casa de los famosos pasteles de nata, Alfama es el distrito más viejo y aquí se ubica el glorioso Castelo de San Jorge. Por último, vimos el Parque das Nações es dónde se realizó hace ya varios años la Expo.

Durante la semana en Lisboa pudimos ver cosas hermosas. Como les decía antes, el Castillo de San Jorge está ubicado en una zona hermosa. Un cerro al cual cuesta llegar (puedes hacerlo en tuk tuks) pero una vez arriba, tendrás una vista privilegiada de la ciudad. Sin smog, grandiosa y muy verde. Símbolo del reino y luego la República, el Castelo vigila la ciudad desde el corazón mismo de Lisboa. Cansa moverse entre sus muros, pero créeme, vale la pena.

Ahí mismo, en la Rua de Augusta está el MUDE o Museo de Diseño y Moda de Portugal. Aquí pudimos ver uno de los rasgos más marcados de este pueblo: su creatividad. No miento cuando les digo que nos impresionó su industria de la moda (en especial lo que hacen con el corcho), los muebles y en general, todo lo que hacen con la manos. Tremenda sorpresa.

Lo otro es el Bairro Alto. Literalmente debes subir cientos de peldaños para llegar. Pero arriba es otra cosa. Calles pequeñas e intrincadas con gente tomando en la calle, música en vivo y guirnaldas decorando los balcones. Se siente la atmósfera festiva y cálida de la ciudad.

Durante los otros días comimos y muy rico. Si van, les dejo mis recomendaciones.

Hamburguesas en Hamburgueria do Bairro en Barrio Alto. Abierto hasta las 00.00 tiene fila siempre. Según yo y otras personas, las mejores hamburguesas vegetarianas de la ciudad. Pizzaria do Barrio; no tan buena como las hamburguesas pero tiene su punto a favor: masa delgada a la italiana con topping portugués. Lo hermoso de la cocina. Casa Portuguesa Do Pastel De Bacalhau. El pastel de bacalao es una tradición portuguesa que no puedes dejar pasar. Viene en porciones pequeñas y es el snack por excelencia en estas tierras. Imperdible. Pasteles de Belém; no pasamos por tiempo, pero a un par de estaciones, está la cuna de esta maravilla culinaria. Eso sí, incluso los pasteles de nata de Pingo Doce (el mayor supermercado de Portugal) son una delicia. Otro lugar que nos quedó por visitar es la Cervejaria Ramiro, famosa por una visita del chef Anthony Bourdain. Ahora hay fila hasta la medianoche para entrar. Sakura para sushi all you can eat. Ni recuerdo donde queda porque fuimos en auto, pero estaba buenazo.

Esa misma noche, después del hangover de comida, partimos a recorrer Lisboa en auto. Vimos la Torre de Belén, el Museo de la Electricidad, la Catedral Sé, el Cristo Rey (similar al de Rio de Janeiro) y el increíble puente Vasco da Gama, el más largo de Europa con 11 km. ==¿Lo que más me llamó la atención? El Champalimaud Centre for the Unknown ¡El centro de lo desconocido! Me sentí en Lost y en Héroes y en Walking Dead y en Twilight Zone. Pero en serio, es un centro con tecnología de punta dedicado a la biomedicina (ahora me siento en Avengers o algo así) y el edificio es alucinante.==

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El sistema de transporte público funciona. El metro está limpio, los trams te hacen llegar a lugares inaccesibles y los buses son modernos. Lo peor es la pésima señalización en paradero de buses. Nunca sabes donde estás sino hasta que es demasiado tarde.

Otra cosa que me gustó de la ciudad son los mini mercados que abren hasta la 1 de la mañana. Los inmigrantes empujan el comercio y se parten el lomo trabajando.

Lisboa al final, bastante multicultural, vive de noche, es desordenada (vean como se estacionan estos tipos) y en general, me pareció alegre. Personalmente, mi ciudad soñada sigue siendo Bruselas. Pero Lisboa es distinta.

Dejo para el final el post de Sintra, según yo, el secreto mejor guardado de Europa.

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