Cristian Guajardo Garcia

Business Strategy

where data and creativity collide

India

Hace unos días estaba con un buen amigo conversando sobre el efecto “cisne negro”, y si bien no he leído el libro, recuerdo perfecto que hace unas semanas (durante otra conversación) me contaba sobre las pequeñas acciones que desencadena eventos de gran envergadura con el tiempo. Cuando te detienes a evaluar las cosas que te llevaron a tu estado actual, podías descubrir esos eventos “insignificantes” que contribuyeron al ahora.

Así pues, salió India dentro de la conversación.

> La India. Mi India.

Esa India que desde Diciembre de 2013 se me cruza, me mira de lejos y al final siempre termina encontrándome (yo tampoco me hago el dificil, debo decir).

Ahora estoy comenzando a leer “El elefante, el tigre y el celular”, un libro escrito por Shashi Tharoor, y no he parado de reflexionar sobre la génesis de India, su magnitud y yo. Aquí. Tan lejos y tan cerca.

India es un hibrido. No se parece en nada a Chile, Italia o Perú, países que conozco bastante bien. India no se parece a nada.
¿Cómo una tierra de junglas tropicales, picos nevados, con 23 lenguas y más de 22,000 dialectos (algunos hablados por más personas que la población de Noruega o Dinamarca) puede resumirse o enmarcarse?
¿Cómo se llega a entender un país donde más del 40% de la población es iletrada pero que aún así, ha educado a los mejores científicos e ingenieros del mundo? Un país que exporta software de punta y aún así sigue intentando erradicar la defecación al aire libre.

La respuesta es simple: No se puede. No se puede resumir a India.

Cuando se habla de India sólo se puede hablar en plural. India tiene demasiadas caras. Yo apenas conozco el norte (Agra, Vanares, Delhi, Lucknow) y aquí estoy, intentando entender sólo un poco este inmenso país.

En India todos somos minoría. No existe el arquetipo indio (aunque imagines a un flaco que mueve la cabeza de lado a lado a lado en su tuk tuk o a Apu de los Simpsons) ni tampoco un Dios que los una a todos. El país se construyó entre el hinduismo y el islam, pero están los sikhs, los budistas, los cristianos, los católicos y aquellos que veneran a Maradona. Todos juntos.

Y a veces la India da la impresión de ser abierta, tolerante y pluralista, pero el norte vive en guerra por ese pedazo de tierra llamado Kashimir. Hay machismo, violencia, pobreza y abusos indescriptibles. A veces India se siente como una jungla donde sólo el más fuerte sobrevive.

Los países se han formado por millones de razones.
Francia y Tailandia son productos de una monarquía unificadora y despiadada. Alemania y Estados Unidos fueron creados por elites visionarias y pragmáticas. Italia y Bangladesh son resultado de figuras mesiánicas (Giuseppe Garibaldi es el único padre de Italia ¿no?) que unieron a un montón de personas.

Pero India no puede hablar - por ejemplo- de una sola etnia. Son iguales a Pakistan, Bangladesh, Sri Lanka o Nepal, con quienes ni siquiera comparten visión política. No pueden tampoco, hablar de una sola religión, ya que en India un Tamil-hindú puede compartir fé con un Jat y aún asi no tener nada más en común con el. Aquí no hay hilo conductor. Tampoco pueden hablar de una lengua en común. Aquí los conquistadores musulmanes intentaron imponer el turco y el persa, pero salió el urdu. El idioma hindi no llega muy al sur y el tamil, el bengolí o el malayalam se imponen entre millones de indios.

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¿Bollywood y el cricket? Probablemente es lo primero que se me ocurre para unir a India. Pero igual me quedo corto.
La coherencia India se resumen en un slogan que es “unidos por la diversidad”. India viene en muchos tamaños, sabores y precios. Desde una italiana como Sonia Gandhi, hasta una mujer en Kerala o Sachin Tendulkar. Todos son Indios. ¿Seré yo también?

En fin, esta amalgama se resume un día de mayo de 2004, cuando un líder político de la iglesia católica romana (Sonia Gandhi) dio la venia para que un Sikh (Manmohan Singh) jurara como primer ministro frente a un musulman, el presidente Abdul Kalam. ¿Dónde más puede pasar eso? En India.

La India es tan imperfecta, desordenada, visionaria, pobre, rica, peligrosa, sabrosa. Es tan humana.
No tengo idea por qué, pero al final siempre nos hemos gustado.

Cristian Guajardo Garcia (cc) by-nc-sa | Made in London, UK |  2005 - 2017